El calor empezó temprano aquel fin de semana. Al mediodía, el aire de Wisconsin resplandecía sobre la hierba, con el sonido de los cencerros recorriendo los campos situados detrás de la sede de Trek. Lo que antes eran tranquilas tierras de cultivo se habían convertido en el lugar más bullicioso del ciclismo: la sede de la Copa Mundial de Ciclocross de la UCI.
Llegaron ciclistas de Bélgica, Holanda, Francia y de todo Estados Unidos. Los mecánicos trabajaban bajo el sol, poniendo números a las bicis, revisando la presión de las llantas para la pista seca y llena de baches. Las mujeres se pusieron en fila primero bajo un cielo despejado; los hombres las seguirían más tarde. Dos carreras, misma pista, mismo calor, mismas condiciones.
Y, por primera vez en la historia de cualquier Copa del Mundo de la UCI, el mismo premio económico.
Antes de este día inusualmente caluroso de septiembre de 2017, los premios económicos del ciclocross seguían un patrón habitual: los hombres ganaban más, las mujeres ganaban menos, y no se prestaba demasiada atención a esta diferencia. Así había sido durante décadas, una norma incorporada a la estructura del deporte y rara vez cuestionada. Waterloo rompió ese patrón, convirtiéndose en la primera Copa del Mundo en igualar sus premios y hacer visible la disparidad.
La primera Copa del Mundo con igualdad salarial, organizada por Trek
Cuando empezaron las carreras, el calor convirtió el recorrido en polvo. Los ciclistas se enfrentaban al resplandor, subiendo los mismos pasos elevados, haciendo sprints por las mismas barreras, desplomándose en la misma línea de meta. La multitud siguió gritando todo el día, desbordándose en la cinta y coreando nombres que no siempre sonaban familiares en una pequeña ciudad de Wisconsin.
Al atardecer, la pista volvía a estar vacía. Se desmontaron los andamios. Los cencerros se callaron. El ruido de los cencerros se apagó. Si un promotor podía hacerlo, otros también podían. Y cuando no lo hacían, Trek intervenía, igualando el premio económico de las mujeres carrera por carrera, planteando el tema hasta que la igualdad salarial dejó de ser una excepción y empezó a convertirse en la norma.
El cambio no llegó de golpe. Pero desde aquella calurosa tarde en Waterloo, se había marcado una línea en el suelo.