Saltar al contenido

La historia de cómo Trek obtuvo su nombre

Acordaron que cada quien haría una lista. Por separado. Era una época brillante y emocionante, como dijo Bevil más tarde. Con la financiación de Roth asegurada, tenían el futuro por delante. Pero ¿cómo lo llamarían?

Abordaron la cuestión, como solían hacer, desde extremos opuestos.  

La lista inicial de Bevil se inclinaba hacia la imaginación: Kestrel, Odyssey y otros que más tarde describiría como “moderadamente aceptables”, nombres que sonaban a un movimiento o mito. La lista que Dick estaba haciendo al mismo tiempo hablaba otro idioma: United Bicycles, Eagle, National, American Bicycle Company.

La diferencia entre sus listas decía todo sobre ellos. Bevil pensaba como un narrador; Dick, como un financiero. Uno confiaba en el sentimiento y la belleza, el otro se inclinaba hacia la estructura y la razón. Y, sin embargo, sus dos formas de pensar se encontraron y trabajaron juntas.

Por aquella época, Bevil pasaba largos días con Tom French, el exempleado de Stella que estuvo presente la noche en que Dick Nolan mostró por primera vez cómo se podía construir un cuadro. French, que más tarde se uniría a Trek en ventas y marketing, fue quien plantó la semilla: “¿Has considerado el nombre de Trek?”, le preguntó a Bevil. “Es una palabra sudafricana”. 

Bevil había nacido ahí, pero no lo había pensado. La palabra se le quedó grabada. La agregó a su lista.

Más tarde, Dick y Bevil se conocieron entre Milwaukee y Madison, su punto medio habitual, en el Pine Knoll Supper Club en Lake Mills. Se sentaron uno frente al otro, con las listas desplegadas sobre la mesa ante ellos.

Bevil leyó primero la de Dick y no pudo evitar reírse. "No hablas en serio", dijo. Era imposible no ver el contraste. La lista de Bevil era romántica. La de Dick era pragmática, sin adornos y directa.   

Entre ellos, sobre la mesa, se extendía el abismo de dos mentes muy distintas. Tal vez, en ese momento, ambos lo entendieron. El poder de su asociación no surgiría del acuerdo, sino de la energía creada por las diferentes maneras en que cada uno veía el mundo. 

Aun así, la decisión la tomó Dick. Era su dinero. Mientras examinaba la lista de Bevil, se detuvo en una palabra: Trek. 

El nombre era corto, simple e imposible de confundir. Puede que no lo tuvieran en mente en ese momento, pero también era internacional, un nombre que podía pronunciarse en cualquier idioma. 

Los instintos de Dick favorecían algo patriótico, algo estable. Pero, para su crédito es infinita generosidad, eligió Trek. En Pine Knoll, confió en algo que iba en contra de todo su instinto empresarial: la sensación de que esa era la palabra correcta para el camino que tenía por delante. 

La decisión se tomó en silencio, pero tuvo un gran peso. Fue, a su manera, el compromiso perfecto que acortó la distancia que los separaba. Llevaba la creatividad de Bevil y la precisión de Dick. Arte y orden.

Era un nombre que podía viajar a cualquier parte. Significaba moverse hacia adelante. Significaba un viaje. Y eso era exactamente lo que estaban comenzando.