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Lo que aprendí a lo largo del camino

Palabras de Jenny Hadfield

Jenny Hadfield es autora de best-sellers, oradora, coach y experta en salud y fitness. Ha competido en running y en carreras de aventura por todo el mundo, incluida la Antarctica Marathon, la Inca Trail Marathon y la Mark Burnett’s Eco-Challenge Expedition Race. En una carrera que abarca más de 20 años en coaching y escritura, Jenny ha influenciado a miles de runners, caminantes y entusiastas del fitness.

La primera vez que vi una bici eléctrica, no quedé impresionada. Me estaban pasando en una carrera de grava y la palabra "tramposo" vino a mi mente. Tras la carrera, me conecté con el ciclista de la bici eléctrica. Él compartió sus historias sobre la exploración de las Montañas Rocosas y sus paseos por rutas de 50 millas a lugares que jamás habría podido alcanzar sin la asistencia extra. Su aventura cambió mi proceso de pensamiento, y al terminar la conversación me fui con una inspiración recién adquirida para probar la bici eléctrica. Me desafié a andar en una bici eléctrica durante un mes en lugar de conducir el auto, para ver si podía ahorrar dinero en gas, usar un modo diferente de hacer los mandados y aumentar mi actividad sin ejercicio.

No es trampa

Cuando anduve en la Super Commuter+ 8S de Trek, inmediatamente sentí la suave asistencia al pedaleo y respeté el hecho de que, si quería avanzar, debía pedalear. También me encantó la flexibilidad de tener un rango de asistencia que va desde algo de asistencia en modo eco hasta mucha asistencia en modo turbo.

Mi primer trayecto en bici eléctrica fue en el Un-El Tour Ride, un paseo de entretenimiento por el centro de Tucson, Arizona, explorando el famoso arte callejero. El día anterior había hecho con dificultad el Tour de Tucson, y la naturaleza informal de este paseo era el ambiente perfecto para una prueba. No solo cubrí las 10 millas del comienzo del trayecto a un promedio de 22 mph, disfruté usando la asistencia de pedaleo para andar suavemente para entrar en calor y para sacudir mis piernas cansadas tras la carrera del día anterior. Apagué la asistencia para el Arts Ride y luego retomé con el turbo en el camino a casa. Eso no es trampa. Es otra oportunidad de jugar afuera

Conduje menos, exploré más y encontré un ritmo completamente nuevo

Aunque sí anduve en auto unas pocas veces durante ese primer mes, descubrí que de manera uniforme elegía la bici eléctrica antes que el automóvil. La bici eléctrica fue un reemplazo fácil para los viajes en que solía conducir. Por ejemplo, con regularidad pedaleaba hasta el comienzo del sendero para entrar en calor antes de las caminatas por el sendero. A medida que el mes pasaba, me veía entrando en un nuevo ritmo con la bici eléctrica, donde yo estaba en sintonía con mi entorno, mi cuerpo y mi misión para el paseo.

Iba de compras con más regularidad y ahorraba dinero

Normalmente compro comestibles una vez a la semana y en un solo viaje llevo todo lo que necesitamos. Como ahora estaba yendo en bici a la tienda de alimentos, descubrí que en las alforjas de la bici tenía espacio suficiente para aproximadamente dos bolsas de alimentos, así que tenía que elegir sabiamente. En vez de arrojar cosas sin pensar dentro del carrito de compras, caminaba por la tienda planificando las comidas para algunos días, lo que evolucionó en la compra de más vegetales, frutas y proteínas, porque eso estaba por encima de las otras cosas. El resultado fue mucha menos comida desperdiciada en nuestra alacena y un ahorro mensual de aproximadamente $78.

Me moví más

Siempre he sido activa, pero recientemente la trayectoria de mi carrera ha estado más dedicada a tareas que requieren estar más tiempo sentada, como escribir y crear. Tengo un objetivo diario para mejorar mi factor NEAT (non-exercise activity thermogenesis, o termogénesis de actividad sin ejercicio), la energía expandida para todo lo que hacemos que no sea dormir, comer o hacer ejercicio deportivo.

Alcancé este objetivo a diario al andar en la bici eléctrica para hacer los mandados. Pedaleaba para ir a las reuniones. Pedaleaba para ir a buscar el correo y enviar paquetes. Pedaleaba hasta la cafetería para escribir y luego comencé a explorar todas las demás tiendas de la ciudad. Tras un mes en la bici eléctrica, mi factor NEAT diario dio un empujón y yo sentía menos dolores y molestias porque estaba menos tiempo sentada y más tiempo moviéndome.

El movimiento nos hace mejor. En mi bici eléctrica, entré en una rutina más activa que requería candados para la bici en lugar de las llaves del auto, y me inspiraba a elegir vegetales y frutas en vez de una bolsa grande de nachos. Además, fue mucho más divertido, y es todo gracias a un amigable ciclista de bici eléctrica que me pasó en una carrera de grava, luego compartió su historia y me alentó a probar una bici eléctrica antes de emitir un juicio. Estoy realmente encantada por que lo haya hecho.

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