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Dos amigos, tres bicicletas, una caravana y una carrera para el recuerdo

El reto se materializó después de un comentario fortuito. René Wildhaber, un corredor profesional de enduro que compite con los mejores, estaba harto de lo lento que conducía su mecánico.

Los míticos ciclistas de enduro como René son pacientes y calculadores, pero no llegas a lo más alto del enduro siendo lento. Y “lento” era una forma de describir la manera en la que su mecánico, fotógrafo, amigo y conductor Urban Engel iba por las carreteras que rodeaban la sede de la Enduro World Series en la Riviera italiana.

Todo lo demás era perfecto. La comida italiana, su café y los senderos están entre los favoritos de René, que incluso se subió a lo más alto del podio en la categoría Master. Pero a lo largo del fin de semana, un pensamiento atormentaba al ciclista suizo: iban a ser los 500 kilómetros de vuelta a Suiza más largos de su vida como copiloto al ritmo insorportáblemente lento de Urban por la autopista.

Esto no era ninguna novedad. Los dos sabían que su ritmo al volante era diferente, y a pesar de esto, habían mantenido una estrecha amistad durante mucho tiempo. Hasta que llegaron a un punto de inflexión en Italia después de la EWS de Finale.

“Más rápido”, dijo René.
“Voy a mi ritmo”, dijo Urban.
“Al menos podrías alcanzar a esa Piaggio”, dijo René.
“Si no te gusta mi forma de conducir”, dijo Urban, ”puedes irte en bici a casa”.

René entonces tuvo una idea. Rápidamente repasó todo su equipamiento. “Bien”, dijo, “es exactamente lo que voy a hacer. Y además te voy a ganar”.

Y así empezó la competición.

René contaba con una Madone, una Slash y una Powerfly, tres bicicletas totalmente diferentes, cada una de las cuales jugaría un papel clave en el largo camino de regreso a Flumserberg. Urban tenía su casa rodante, su fiel caravana.

Madone: Finale – Milán – Splügenpass

Como la mayoría de las mañanas en la Riviera italiana, la mañana de la carrera empezó con un capuchino. René eligió la Madone para el ascenso desde la costa hasta el Valle de Po, alcanzando los 80 km/h en los descensos.

“Hay que tener un poco de sangre fría”, dijo, “pero con un cuadro tan rígido, no hay problema”.

Después de 200 kilómetros entró en la plaza de la catedral, siendo el vencedor absoluto de la primera etapa. Mientras, Urban y la caravana seguían dando vueltas por el centro de Milán.

El segundo día siguió con la Madone, apretando duro en el ascenso de más de 2.000 metros del Paso de Splügen que separa Italia y Suiza. Fue un tramo bastante duro, tanto para René como para Urban. La pendiente era todo un reto para el motor de la caravana y las curvas hicieron mella en los brazos del conductor.

Slash: Splügenpass – Ilanz

Cuando por fin Urban llegó al Paso de Splügen, René cambió la Madone por la Slash, su bici favorita. Descendió por una carretera de montaña hecha por los romanos hace más de 2.000 años y después giró para coger un sendero estrecho que llevaba hasta Grisons. Incluso a su ritmo, la Slash allanaba los baches, haciendo que el duro camino pareciera un sendero fácil.

Mientras tanto, Urban y su casa de vacaciones rodante tomaban lentamente las curvas del Paso de Splügen. Tanto René como Urban estaban en su salsa. Cuando por fin se encontraron en Ilanz, René hizo el último cambio de bicicleta.

Powerfly: Ilanz – Panixerpass – Flumserberg

El último día fue el más brutal. El Paso de Panix tiene muchísima pendiente. Es el tipo de paso que si tuvieras una bicicleta de montaña convencional lo recorrerías con la bicicleta a la espalda. Pero el motor Bosch de 250 vatios de la Powerfly de René facilitó mucho el trabajo en los ascensos permitiéndole rodar el 95% de los senderos. “Tenía que llevar la mochila en la parte delantera para desplazar el peso hacia delante y mantener la rueda delantera pegada al suelo”, dijo René.

Pasó la noche en un refugio de montaña mientras Urban hacía el recorrido a lo largo del Rin a través de Grisons. Si alguien hubiera echado barquitos de papel en el río, habrían llegado antes que la caravana.

La etapa final de este desafío de caballeros implicaba una ruta desde el Paso de Panix hasta el Valle Sernf en Glarus para después ascender hasta Flumserberg, el destino final. René le puso las espuelas a la Powerfly, y Urban apretó el pedal del acelerador a fondo llegando a los 81 km/h en la autopista.

Cuando estaba llegando a casa, René se metió por un camino que conocía de sobra, eligiendo uno de los senderos que él mismo había ayudado a diseñar en Flumserberg. Pedaleó con su Powerfly hasta la cumbre de Prodkamm y dejó que rodara libremente cuesta abajo por los caminos Red Fox y Blue Salamander. Fue el final perfecto a una salida perfecta. O al menos eso era lo René pensaba.

Una vez aparcó, Urban salió de la caravana con un aspecto muy relajado. Hacer 500 kilómetros a su propio ritmo sin un compañero impaciente le habían sentado bien.

Al final, lo dejaron en empate, estando los dos de acuerdo en que había sido el regreso a casa más entretenido que habían vivido nunca. Puedes ser una tortuga o una liebre, mientras vayas a tu ritmo será divertido.

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